jueves, 11 de julio de 2019

Los buenos documentales sobre el medio ambiente tienen un gran impacto en nuestra percepción del mundo que nos rodea. En el mejor de los casos, pueden impulsarnos a cambiar nuestras acciones. Demain (Mañana), un documental francés codirigido por Cyril Dion y la actriz Mélanie Laurent, cumple ambas metas. Se diferencia de otros porque no se concentra en describir los problemas que le causamos al planeta. Al contrario, presenta soluciones concretas, funcionales e inspiradoras que, puestas en práctica de forma masiva, asegurarían un futuro más verde para la Tierra.



Demain otorga a sus espectadores una dosis extra fuerte de esperanza. Los directores recorren 10 países y entrevistan a activistas, expertos y ciudadanos que se esfuerzan por crear un mundo más verde y sustentable. Estos agentes de cambio explican sus métodos alternativos para combatir catástrofes como el calentamiento global, el fracaso del sistema económico capitalista, y la escasez de alimento.

La expedición intercontinental de Demain se divide en cinco bloques independientes: Agricultura, Energía, Economía, Democracia y Educación. Los lugares que visitan Cyril y Mélanie son muy diversos y pintorescos. Los habitantes de peligrosa ciudad de Detroit y el pueblo inglés de Todmorden se benefician de diversos programas de agricultura urbana. En Copenhagen, la mayoría de la población se traslada en bicicleta, a pie o en transporte público. Una escuela finlandesa enseña lecciones invaluables a sus alumnos sin necesidad de exámenes. Y un alcalde progresista de la India instaura un sistema de democracia participativa que mejoró la calidad de vida de todos los involucrados, sin importar su casta. Estas viñetas, entre muchas otras, son presentadas con una cinematografía fresca y dinámica.

Es muy refrescante ver a todas esas personas luchar contra políticos inútiles y grandes corporaciones. Las historias de Demain generan mucho optimismo sin llegar a ser sacarinas, aunque debo admitir que algunas partes me parecieron innecesarias. Los montajes acelerados de Mélanie y su equipo de franceses barbones caminando por playas, ciudades y aeropuertos, con canciones indie pop dulzonas de fondo, parecen una publicación de un influencer en Instagram, mas no un llamado a la acción. Pero, al fin y al cabo, la sinceridad de los codirectores y su fe en el mensaje del filme compensan el cinismo que generan esa clase de escenas.
Demain gasta muy poco tiempo en convencernos de que el mundo se está acabando. Lo toma como un hecho innegable, y luego nos entrega historias de gente que pone de su parte, de formas pequeñas, pero muy reconfortantes. Entre tantas malas noticias, se siente bien ver que los seres humanos somos capaces de luchar por un mejor mañana.

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