El público peruano y su falta de interés en el buen cine nacional.
El nacimiento de la industria
cinematográfica peruana conllevó el nacimiento de un prejuicio muy arraigado en
nuestra población: El cine peruano tiene tramas pobres, aburre y es malo. En
las últimas dos décadas, una nueva ola de cineastas nacionales produjo filmes
de muy alta calidad y reconocimiento internacional. Sin embargo, carecen de
acogida en las salas de cine de la capital, y ni siquiera son proyectados en
provincia. Esta lamentable situación es un síntoma de una problemática mucho
más grande, incrustada en la cultura peruana desde la época del virreinato.
El cine peruano está atravesando un
boom innegable. Las películas “Contracorriente”
y “Wiñaypacha” acumularon una treintena de premios internacionales cada una,
“Octubre” logró un premio del jurado en el festival de Cannes y “La Teta
Asustada” fue nominada al premio Oscar a la mejor película de habla extranjera.
Un ejemplo mucho más reciente de este renacimiento es “Retablo”, una cinta que
refleja y en idioma quechua, el tabú de la diversidad sexual en el mundo del
Ande. La calidad fílmica, cinematográfica y temática de “Retablo” le garantizó
gran cantidad de prestigiosos galardones alrededor del mundo. ¿Pero en Perú?
Salas vacías y fracaso de taquilla.
Un proverbio muy usado en nuestro léxico es “Producto
peruano, producto malo”. No importa si es una película, un jabón, un novio o
una educación universitaria: Nuestra cultura valora lo extranjero, lo
importado, lo que no es nuestro. No confía en sus propias capacidades para
superar al resto del mundo en cualquier categoría.
El director peruano Fabrizio
Aguilar dijo una vez: “No importa lo talentosos que podamos ser, el monstruo
americano ha comprado gustos y conciencias”. El mundo entero está acostumbrado
a los códigos y patrones del cine de Hollywood. Los arquetipos predecibles del
bueno, el malo, el conflicto y el beso del final carcomen los cerebros de los
consumidores de entretenimiento barato. Están tan acostumbrados a estas
historias que rechazan cualquier película que no se ajusta a ellas.
Los peruanos no van al cine a ver una película nacional porque
esperan que sea mala. Las cadenas no reciben ganancias cuando las exhiben, así
que deciden proyectarlas en salas selectas de la capital por tiempo muy
limitado. Es un círculo vicioso eterno

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