¿Quién dijo que se
necesita mucho dinero para conocer todo lo que el Perú tiene por ofrecer? La
empresa de turismo Piura Trek tiene la meta de destruir este estereotipo.
Ofrece viajes ecológicos, saludables y económicos a destinos olvidados o poco conocidos
de la región Piura. En esta ocasión, por tan solo 50 soles, acampé en la playa
de Lobitos y me adentré en las mágicas cuevas de Las Capullanas. Acompáñenme en
esta aventura.
Hay días en los que el tedio de la rutina, los estudios, el trabajo y el estrés se convierten en una tortura insoportable. Días en los que solo quieres conectarte con la naturaleza. Días en los que quieres dormir bajo un manto de estrellas. Días en los que recuerdas que el internet y la televisión son solo un pobre sustituto de las historias que, desde hace milenios, se cuentan alrededor del fuego. Y en uno de estos días, decidí atreverme a comprar dos boletos para un viaje de aventura en Lobitos, todo incluido, para mí y mi mejor amigo Sebastian. Total, cada boleto solo costaba 50 soles. ¿Qué podía perder?
Hay días en los que el tedio de la rutina, los estudios, el trabajo y el estrés se convierten en una tortura insoportable. Días en los que solo quieres conectarte con la naturaleza. Días en los que quieres dormir bajo un manto de estrellas. Días en los que recuerdas que el internet y la televisión son solo un pobre sustituto de las historias que, desde hace milenios, se cuentan alrededor del fuego. Y en uno de estos días, decidí atreverme a comprar dos boletos para un viaje de aventura en Lobitos, todo incluido, para mí y mi mejor amigo Sebastian. Total, cada boleto solo costaba 50 soles. ¿Qué podía perder?
Nuestra peripecia comenzó a las 5 de la tarde del 31
de octubre, afuera del centro comercial Plaza de la Luna, el punto de encuentro
para los participantes del viaje. Un cómodo bus de la compañía Montero nos
llevó hasta Talara, donde cambiamos de bus y nos dirigimos al balneario de
Lobitos. Todo el trayecto, incluyendo paradas, nos tomó alrededor de 3 horas.
A las 8 de la noche, llegamos a “Relájate”, un hotel en
la orilla del mar. El grupo ensambló sus carpas en la playa del hotel. Había
una fiesta de Halloween, pero Sebas y yo decidimos caminar por la playa. Fue
una de las mejores decisiones que pudimos haber tomado. El cielo estaba
cubierto de estrellas por donde lo mires, y la luna de esa noche era la más
grande que he visto en mi vida. Con toda la contaminación visual de la ciudad,
había olvidado lo hermosas que son las estrellas en la playa.
Cuando volvimos al hotel, se había armado una gran
fogata en la playa, perfecta para el frío de la brisa marina. Nos quedamos ahí
por un buen tiempo y disfrutamos de la cercanía con el calor. También
socializamos con las personas que, como nosotros, decidieron que conversar
alrededor del fuego era mucho más divertido que bailar y beber en la fiesta del
hotel. Me dormí en mi carpa a las 2 a. m. y finalmente me sentí en paz conmigo
misma.
La
fogata de esa noche fue propicia para hacer nuevos amigos.
Al día siguiente, despertamos con el sol, nos pusimos
protector solar y nos alistamos para el trekking
que tanto habíamos esperado. La orilla estaba repleta de surfers esperando unas buenas olas. Lobitos es una playa perfecta
para esta actividad, reconocida en el mundo entero por la calidad de su ola de
izquierda. Incluso, este balneario fue sede del Campeonato Mundial de Surf “Movistar Pro World Star Tours” en el año
2012, entre otros prestigiosos certámenes.
Las carpas en las que pasamos la noche.
Emprendimos la caminata en grupo, sin esperar lo larga
que sería. El sofocante calor del sol de mediodía me hizo entender por qué esta
ruta se llamaba “La Ruta Del Fuego”. El terreno era incierto, con piedras que
rodaban al pisarlas y peñascos muy difíciles de trepar. Pero los paisajes eran
espectaculares. Las extrañas formaciones de piedra del camino eran muy
llamativas a la vista, y las playas... ¡ni hablar!
Nuestro
camino fue largo e incierto, y muchos se quejaron por la intensidad de la
caminata.
En varios tramos de la caminata, nos encontramos con
tuberías y extractores de petróleo. La historia de Lobitos está muy
compenetrada con la historia de las petroleras talareñas. A inicios del siglo
XX, en Lobitos se construyó uno de los campamentos petroleros más históricos de
Perú y Latinoamérica: Compañía Petrolera Lobitos (CPL). Alrededor de 6000 personas,
entre ingleses y locales, se asentaron en la zona en busca del oro negro. La
industria del petróleo sigue dándole trabajo a muchos lobiteños.
Lamentablemente, los derrames de crudo son cada vez más usuales en la zona, poniendo
en jaque la biodiversidad marina y la intangibilidad ecológica del balneario.
Talara
y Lobitos viven de la pesca, el turismo y el petróleo. Hay tuberías y máquinas
extractoras de petróleo en todos lados.
En las rocas de una playa virgen nos encontramos con un pescador artesanal llamado José. Con una pica y una especie de martillo oxidado, él abría los ostiones que pescó esa mañana. Aún tenía puesta su vieja máscara de buceo, parchada con pedazos de bolsa de plástico y cinta aislante. Y es que José es de esos pescadores, ya casi extintos, que arriesgan su vida a diario buceando en aguas traicioneras para recolectar los moluscos del suelo marino.
José
nos enseña un ostión recién abierto.
Después de alrededor de tres horas de constante movimiento,
creímos que habíamos llegado al final de nuestro trayecto. Nos dimos con la
sorpresa de que aún faltaba la parte más peligrosa y emocionante de este trekking: descender por una cuesta
empinada del cerro Capullana con una soga que parecía demasiado débil para
resistir nuestro peso. Admito que tuve mucho miedo, pero me ganó el deseo de
pisar la paradisíaca playa que nos esperaba tras ese obstáculo inesperado. Mientras
que otros se aferraban a la cuerda con todas sus fuerzas y bajaban de espaldas,
yo bajé tres cuartos del tramo deslizándome, como si de una resbaladera se
tratase. Fue tan divertido que lo haría de nuevo sin dudarlo.
Nuestro
arriesgado descenso, que abordé de forma poco convencional.
Por fin, llegamos a las Cuevas de las Capullanas. Según
las leyendas de los pescadores más viejos, el nombre se debe a que el
conquistador Francisco Pizarro caminó por esta misma playa y dejó caer su
espada. Al recogerla, vio en la arena la sombra de una Capullana, una
matriarca, gobernante y curandera de la cultura precolombina Tallán. Las cuevas
también tienen la fama de ser un lugar donde se enterraron tesoros en la época
de los piratas. Además, se cuenta que, si miras el mar desde la cueva en una
noche de fin de año, verás galeones virreinales en el horizonte, iluminados por
un fantasmagórico resplandor.
Las
formaciones rocosas de Las Capullanas tienen una fama mística entre los
lugareños.
Intentamos
explorar una de las cuevas más profundas con unos amigos que hice en el
trayecto, pero nadie llevó linterna. Cuando nos aventuramos demasiado profundo
en una de las cavernas, nuestro ruido despertó a una colonia de murciélagos que
voló hacia nosotros y nos dio un buen susto.
Nos
despedimos del mar con un delicioso baño y caminamos por el mismo tramo, de
vuelta al hotel. Cuando por fin llegamos, como a las 4 de la tarde, todos
estábamos muy cansados y hambrientos. Comimos un menú del hotel, empacamos y
volvimos a casa.
Me dolían mucho los músculos al volver, pero me di
cuenta de que el dolor y el cansancio son
pasajeros. En cambio, la satisfacción de haber y conocido un lugar tan
maravilloso como Las Cuevas de Las Capullanas es eterno. Me encantó atravesar
playas vírgenes, escalar peñascos, compartir amistad alrededor de una fogata,
armar una carpa, conocer nuevas personas y esforzarme por llegar a la meta. Y
tú, ¿te atreves a cruzar la Ruta del Fuego?









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